«El conocimiento chileno sobre el oídio se vio desafiado este año»
Martín Silva, director fundador de Uvanova, analiza en entrevista la temporada de uva de mesa en Atacama. Y anticipa la de marzo en O’Higgins.
“No ha sido una temporada cómoda para la uva de mesa” señala Martín Silva, director de Uvanova y asesor de productores de Atacama, Coquimbo y O’Higgins, tomando en cuenta la problemática causada por los ataques de oídio, botrytis y trips de California, la pérdida de producción y los atrasos en cosecha a causa de los factores climáticos ya conocidos por la industria.
El experto, en entrevista a Uvanova.cl, entregó su visión acerca de la temporada de la uva de mesa en Atacama, y su perspectiva de lo que ocurrirá en O’Higgins, región que ahora soltará con fuerza su cosecha.
Martín, ¿cómo vivió Copiapó su temporada de uva de mesa tras el aluvión de marzo de 2015?
“Lo primero es que uno piensa que la Región de Atacama a estas alturas terminó con sus cosechas, pero no es así. Lugares como Antoco, que es más tardío, tiene uvas perfectamente hasta abril perfectamente. Copiapó tiene zonas muy tempranas que parten en noviembre y las cosechas se estiran hasta abril el chicle hasta abril. Aún quedan Red Globe y Autumn Royal en áreas más tardías”.
“Ahora, el aluvión tuvo un efecto directo en la producción, ya que se llevó alrededor de 500 hectáreas que literalmente desaparecieron. Hubo parrones pasaron a ser peladeros donde no quedaron ni parras, ni alambres ni nada, pero eso también arrastró un montón de hectáreas que no pudieron ser regadas por un período más bien importante. Se dañaron equipos de riego, se dañaron canales, se dañaron pozos, y eso generó problemas de salinidad”.
“Y lo que nadie pensaba, es que hubo muy mala acumulación de activos en los parrones, y fruto de eso, una muy mala brotación y consiguientemente mucho menos fruta de la estimada en un principio, lo que ocurrió no a causa de los aluviones, la falta de riego ni la salinidad. Entonces, la sumatoria de factores en Atacama fue compleja en un principio, y después sucedió el efecto de los ataques violentos de oídio, a niveles que jamás había visto”.
“Por otro lado, tampoco había visto que los productos funcionaran con tan poca eficacia. Por lo general, funcionan y te sacan el oídio de encima si aplicas la secuencia adecuada de productos, con la dosis adecuada y un mojamiento adecuado, pero este año no te lo sacaste. La fruta estaba bonita al final aunque con una caída fuerte en producción. Es decir, en Atacama debió haber caído fácilmente un 30%.
¿Y cómo se pudo reaccionar a estos ataques de oídio, considerando que no precedentes de una intensidad como la vivida esta temporada?
“Pasa lo siguiente: tuve a productores que respondieron lento, otros que respondieron rápido. Tuve a los que actuaron con la maquinaria adecuada, los que actuaron con la maquinaria inadecuada, los que aplicaron el producto adecuado y los que aplicaron el producto inadecuado,… y todos se vieron afectados. El conocimiento chileno sobre el oídio se vio desafiado este año, espero que los fitopatólogos estén tratando de entender qué pasó y no quiero otra temporada como la de ahora. Empecé a transmitir en Ovalle el problema que habían tenido en Copiapó, pero se vivió la misma situación en Ovalle. Empecé a dar a conocer el tema en O’Higgins, pero se está viviendo la misma situación en O’Higgins. Ahora, un productor que haya sumado una reacción tardía y una maquinaria inadecuada en la VI Región, tendrá sus huertos completos comprometidos. Pero lo grave es que el productor que lo hizo todo perfecto, también sufrió con una intensidad de oídio que no se conocía. Tengo el problema en el fruticultor que hizo todo bien y en el que hizo todo mal”.
“Pero eso no fue todo. Otro problema fue la Thompson Seedless manchada por ataques tardíos y severos de Trips de California, por acumulación de azúcar, microfisuras y ataques marginales de oídio. Además, una botrytis activa fruto de ese período que lo focalizaría desde diciembre hasta mediados de enero, con una humedad relativa normalmente alta. Por fortuna se ha detenido en las últimas semanas por estas olas de calor que estamos enfrentando. No ha sido una temporada cómoda”.
¿Qué perspectiva ves entonces para la uva de mesa chilena, desde Copiapó hasta O’Higgins?
“Lo dije hace un tiempo y temo que no me voy a equivocar: Chile va a caer de las 90 millones de cajas de exportación en uva de mesa esta temporada. Hace 10 años atrás habíamos superado las 100 millones y llegamos, incluso, a cerca de 115. El año de las heladas cosechamos 92 millones, al siguiente 93 y ahora caeremos, lo cual es una señal. Los precios altos se han mantenido hasta ahora en los mercados, pero con una Región de O’Higgins que está atrasada, que lo único que quiere es cosechar y la fruta no se viene, no se entrega. La acidez es alta y el acabado de la fruta no se ha visto tan rápido como uno quisiera, pero con una cantidad de fruta bastante notable a causa del mayor calibre, a causa del mayor peso por baya individual. No sé cómo va a terminar esta historia, pero en algún minuto se va a soltar fuertemente la VI Región, para la Red Globe y la Crimson Seedless principalmente”.
“Lo que impresiona es que entre las primeras cosechas a nivel nacional, que son a comienzos de noviembre en Atacama, hasta el primero de marzo, se cosecha la mitad de la uva chilena. Desde el primero de marzo hasta la fecha del marketing order, se cosecha un 40%, y de ahí el 10% restante. La agresividad entonces que trae marzo cuando se incorpora O’Higgins a la Metropolitana, a la Región de Valparaíso, a las zonas tardías de Ovalle y a la cola de Copiapó, es una locura, una brutalidad. No creo que exista país en el mundo que coseche con esa fuerza y la presión que le coloca a los mercados es inmensa. Veamos cómo termina este período”.









