Planificación estratégica:
QUÉ DEBEMOS CONSIDERAR EN LA ELECCIÓN DE UNA VARIEDAD
Por equipo UVANOVA Magazine
Mantener la competitividad de la Industria de la uva de mesa chilena se ha vuelto más desafiante. Tenemos una competencia creciente en buena parte de nuestra “ventana productiva” (noviembre a abril) y además enfrentamos cada día mayores exigencias de los mercados. Particularmente exigencias en calidad (calibres, sabor, color) y condición (frescura, sanidad). Esta realidad ha obligado a productores y exportadores a analizar la creciente oferta de nuevas variedades, la que proviene de diferentes Programas de Mejoramiento Genético.
Los diferentes Programas de Mejoramiento Genético se han desarrollado en distintos países productores de Uva de Mesa, incluido el nuestro, y han orientado sus cruzamientos y selecciones -principalmente- a mejorar aspectos productivos relacionados con fertilidad y calibre (potencial productivo) y a la disminución en el uso de mano de obra (podas cortas y labores de arreglo de racimos más económicas), todo esto a la par de ofrecer distintas fechas de cosecha. Los programas así mismo han perseguido aumentar los espacios de mercado desarrollando variedades con nuevos y atractivos sabores, formas de bayas, colores, etc. Configurando así perfiles de fruta más atractivos tanto para quienes las cultiven como para quienes las consuman.

Salvo contadas excepciones las nuevas alternativas varietales provienen de iniciativas privadas o público-privadas en los que las variedades resultantes están protegidas por patentes y el acceso a ellas está sujeto a licenciamientos y eventuales cuotas de participación, incluyendo el pago de royalties por las plantas y su producción en el tiempo. Respecto de esto último existen varios modelos en los que se paga por hectárea, por planta, por fruta exportada, así como por combinaciones de estos conceptos. Los programas pueden ser cerrados o abiertos, con superficies máximas de plantación por región o sin restricciones de superficie. En algunos casos obligan al productor a comprar las plantas a viveros determinados o a enviar la fruta a los mercados a través de comercializadores o exportadoras específicas.
En la temporada 2023-24, el volumen exportado por Chile de variedades licenciadas llegó a cerca del 62% del total embarcado. En Perú, Sudáfrica y Australia, los principales orígenes con los que Chile compite en los distintos mercados, también se está desarrollado un importante y acelerado recambio varietal (Perú alcanzó cerca del 75%). Lo mismo ocurre en los países productores de uva de mesa más importantes del hemisferio norte (EEUU, España, Italia y Egipto, entre otros).
¿POR QUÉ ES TAN NECESARIO EL CAMBIO?
Cada temporada se incrementan las desventajas competitivas de la mayoría de las variedades tradicionales debido a su menor productividad, calibre, facilidad de toma de color, requerimiento de mano de obra, entre varios otros aspectos.
Pero hoy el cambio no es tan sencillo ni accesible como pudo haber sido, por ejemplo, hace 20 años, en parte por los altos requerimientos de mano de obra de la uva de mesa -en relación con otras especies frutales-, siendo este un recurso cada vez más caro y escaso y menos especializado Pero, así mismo, porque los niveles de inversión son más altos en comparación con otros cultivos, por la densidad platas y el costo de estas sobre portainjertos, los royalties involucrados, las estructuras de soporte y protección, las coberturas, entre otros.
En el contexto de este recambio varietal, tanto los productores como el sector financiero involucrado en fruticultura, evaluarán los nuevos proyectos en competencia con especies frutales que hoy pueden aparecer como más rentables o menos demandantes de mano de obra. A lo dicho, además, hay que sumar la crisis hídrica que golpea de manera especialmente dura a la zona Norte y Centro del país.
Un escenario no exento de dificultades, en el cual, lo único que asegurará el éxito comercial de la uva de mesa chilena será competir en los mercados con un producto altamente consistente en calidad y condición. Las nuevas variedades de uva de mesa, en la mayoría de los casos, se han ganado una posición preferencial en los anaqueles en consideración a alguno de los atributos desarrollados por los obtentores. Entre estos destacan mayor calibre, buen sabor, forma novedosa o mejor color; así como, en algunos casos, también se han desarrollado nuevos nichos para frutas de sabores especiales.
VENTAJAS PRODUCTIVAS, PERO NO EXCENTAS DE PROBLEMAS
Desde el punto de vista productivo, la mayoría de las nuevas alternativas prometen altos rendimientos (fertilidad y calibre), facilidad de manejo (podas cortas y raleo natural) y menor uso de reguladores de crecimiento o de promotores de color.
Pero las nuevas variedades no están exentas de problemas, por ejemplo, el menor uso de giberélico y citoquinina, en muchos casos colabora a que no se desarrollen buenos escobajos, por lo que los raquis frecuentemente tienden a una mayor deshidratación. Así mismo, algunas variedades pueden necesitar apoyo para ajustar la cantidad de bayas por racimo y alcanzar o mantener su color característico.
No disponemos de un conocimiento acabado sobre el comportamiento de cada una de las nuevas variedades en ecozonas distintas a aquellas en las que se han desarrollado y menos de su comportamiento sobre las varias alternativas de portainjerto que usamos en Chile.
Estos son algunos aspectos que han tomado por sorpresa a productores y asesores y que han llevado a lamentables situaciones en que los productores se han visto obligados a descartar de sus proyectos a nivel comercial, algunas de estas nuevas variedades.
Una barrera adicional es la relacionada con las restricciones de acceso a algunas variedades, como son los casos de los Clubes o las cuotas de plantación. En estos casos, independiente de los pagos de los royalties involucrados, se limita el libre acceso de los productores a una variedad que pueda ser de interés para un proyecto determinado.
UNA DECISIÓN CLAVE DENTRO DE UN PLAN ESTRATÉGICO
Sumar una variedad al esquema productivo, ya sea para reemplazar a una variedad obsoleta o bien para diversificar nuestra oferta, es una decisión que debe formar parte de un Plan Estratégico.

Por ejemplo, no se trata de reemplazar Flame seedless por Flame 2.0, solo porque la segunda sea más fácil de manejar o porque sea más productiva. También debemos considerar el nivel de competitividad de la nueva variedad en el mercado, particularmente en la ventana de tiempo en que se va a comercializar.
Una planificación estratégica debe considerar que las variedades con una serie de requisitos:
- Que sean más productivas y competitivas que las variedades tradicionales en mano de obra y otros recursos (costo de poda, arreglo de racimos, amarras, desbrota y despampanado, entre otros).
- Que mantengan esos atributos en la Ecozona donde se sitúa el proyecto.
- Que sean injertadas sobre un portainjerto que permita obtener todos los atributos que las hicieron elegibles.
- Que en su ventana de comercialización no haya exceso de oferta o que en ella participen variedades que compiten notablemente mejor.
- Que dentro del proyecto aporten a lograr un mix de variedades que encajan en buena medida con la oferta mundial. Por ejemplo, no plantar un 50% de la superficie con una variedad negra si en el mundo se comercializa menos de un 10% de uvas de esa categoría.
- Que presenten una vida de poscosecha larga (60 días) para que accedan a más mercados.
- Que en función a la combinación de variedades permitan lograr un flujo de cosecha y embalaje abordable para los recursos e infraestructura del proyecto, de modo de que cada variedad y sector se coseche en su momento óptimo.
ANTICIPAR Y COORDINAR CON LOS VIVEROS Y OTROS PROVEEDORES
Es muy importante mantener una coordinación previa con los viveros y con todos los otros actores que participarán del proyecto (preparación de suelo, riego, estructuras, etc.) de modo de acercar la realidad al óptimo planificado, sin parches o enmiendas obligadas por atrasos o calidades de servicio subóptimas.

Puede no sorprender a los agricultores escuchar que ya no basta con ser ‘un buen productor de Uva de Mesa’ y que para ser competitivo el recambio varietal resulta parte fundamental de cualquier nuevo proyecto.
Es importante entender que la información de calidad puede ayudar a los productores a cometer menos errores en las tomas de decisiones, pero, además, el productor debe entender que la oferta actual y futura de nuevas variedades de uva de mesa no son ni serán la “bala de plata” o la gran solución para su negocio. La Industria de la Uva de Mesa Chilena debe posicionarse en los mercados en base a una calidad consistente y a una mejora sustancial en la condición de llegada de su fruta. Dicho de modo más directo, debemos mejorar nuestra credibilidad en los mercados, lo que se logrará trabajando de manera colaborativa, estratégica e informada.









