Fecha de publicación – 27/01/2016 (11:37:01)
¿En qué situación se encuentran los parrones tras cuatro años de riego deficitario
Arturo Miquel, asesor de Uvanova, analiza el impacto productivo de la sequía en huertos de Salamanca, provincia del Choapa.

 

Las producciones de exportación en uva de mesa de la Región de Coquimbo no se sostienen con un riego menor a 6.000 metros cúbicos anuales por hectárea, aunque el parrón no se deteriorará su se logran 4.000 m3/há. Esa es una de las conclusiones de las observaciones en terreno que el asesor de Uvanova, Arturo Miquel Armas, realizó entre las temporadas 2013-2014 y 2014-2015 en Salamanca,  “donde hemos vivido el período de sequía más grave que haya visto la uva de mesa chilena en su historia”.
El experto dio a conocer el trabajo en el salón de Uvanova de PMA Fruittrade Latin America, sobre la situación productiva en tres variedades (Thompson, Crimson y Autumn Royal) tras cuatro temporadas de riego deficitario a causa de la sequía, en parrones plantados en 2007.
Esto, incluyendo la exposición de manejos especiales en sequía, la variación anual de riegos, cantidad de cargadores y pesos de poda por hectárea en función de la disponibilidad hídrica, y los efectos en la producción, además de conclusiones.
MANEJOS “ESPECIALES” DURANTE LA SEQUÍA
“Lo que se hizo permanentemente fue el ajuste de brotes a un 50% de lo normal en estos campos, donde trabajábamos la Sultatina con 120-130 mil brotes por hectárea, y la Crimson con 140-150 mil. Además, variamos las formas de riego a modo de mojar solo la primera estrata, donde estaba el grueso de las raíces y el máximo de oxigenación, evitando cualquier escurrimiento y tratando de acercarnos a un 100% de eficiencia”.
DISMINUCIÓN EN EL RIEGO
“El 2012 contábamos con cerca de 8.100 metros cúbicos por hectárea (con riego normal que se acerca a los 9 mil), y el 2015, en algunas variedades solo regamos 2.300. Para colmo, la distribución de dicha agua nunca fue ni normal ni sistemática, hacíamos lo que podíamos en función de la disponibilidad”.
“Por eso es que en la Thompson el 2015 se regaron 4.000 metros cúbicos en todo el año, pero el 75% lo pusimos en invierno, solo porque en ese momento traía agua el río. En los últimos años, prácticamente no regábamos en verano. Sin embargo el 2012-2013 usamos el 14% de los 6.000 m3 cúbicos entre brotación y cuaja, lo que se acerca al 15% normal de ese período”.
CARGADORES Y PESOS DE PODA POR HÁ 
“Con riego entre 6.000 y 7.000 metros cúbicos anuales por hectárea logramos mantener los cargadores deseados en Thomspon y Crimson, y cuando se cayó por debajo los 5.000 m3, la disminución no fue tan grande. Sin embargo, cuando analizamos los pesos de poda, entendimos que esos cargadores -si bien estaban en la cantidad que buscábamos- eran más débiles”.
“En Crimson, teníamos 14.000 kilos de poda el primer año con 7.300 m3/há, y terminamos con 4.000 el último año, cuando apenas pudimos regar 2.300 m3”.
“En resumen, los cargadores siempre los pudimos lograr incluso con 2.000 o 3.000 metros cúbicos por hectárea, pero con una evidente pérdida de vigor, y se hizo infinitamente más difícil lograr el vigor y la calidad cuando caíamos de los 5.000 m3 de riego anual”.
PRODUCCIÓN POR HÁ
“Con 7.000 m3 se produjo 40 toneladas de Crimson Seedless, con uva perfectamente exportable, pero con los 5.000 m3, la producción y calidad se vinieron a pique. Bajamos a 30 toneladas de uva con mala terminación, y con 2.000 metros cúbicos por hectárea no alcanzamos las 10 toneladas.
“Los diámetros de las bayas evidentemente se redujeron cuando bajamos de los 6.000, y en Thompson logramos mejorar con 4.000 m3, pero solo porque hicimos arreglos de racimos con muy pocas bayas, lo que ayudó a que el crecimiento inicial del grano fuera mejor”.
CONCLUSIONES
“Las producciones de exportación no las pudimos sostener con menos de 6.000 m3/há, y lo mismo con el diámetro de las bayas. El no riego, de llenado de grano adelante, se tradujo no solo en menor de diámetro de baya, sino además en desfoliación muy temprana, amarillamiento y quemado de bayas. En el caso de las variedades de color, la falta de riego en verano produjo y apasamiento en el parrón, que fue lo que hizo que las producciones cayeran”.
“Si volviéramos a enfrentar en escenario de este tipo, ya sabemos que sí podemos regar con 4.000 metros cúbicos. Con esa medida los parrones no se van a deteriorar, no caerá el vigor de sus cargadores, y al año siguiente estarán en condiciones de volver a producir normalmente. Por lo tanto debiéramos intentar hacer eso”.
«Además, la reducción temprana de los brotes, del follaje y -por ende- de la transpiración,  fue una herramienta clave que hay que repetir, pero con riego bajo los 4.000 m3/há, lo que haríamos sería botar la fruta, porque incluso venderla para pasa o vino, significaría sacrificar el potencial del año que viene».
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