La presidente de Uvanova, Carolina Cruz, profundizó en este asunto en un reportaje publicado por Revista Mundo Agro.

 

La falta de mano de obra es un tema que suele escucharse reiteradamente en actividades productivas del país, y en especial en la agricultura. Es más, es uno de los problemas más recurrentes de la industria cuando se acerca la fecha de cosecha de la fruta fresca, el peak de demanda de los trabajadores.
La uva de mesa es una de las frutas que más demanda mano de obra y para algunos llega a representar hasta un 65% del total de los costos de producción. Dado que existen factores que los productores no pueden controlar, como el tipo de cambio, los actores de la industria coinciden en que la solución pasa por hacer más eficiente la mano de obra.
«Hay muchas cosas que no dependen del productor como el costo de la energía o el recurso del agua que es cada vez más caro y escaso. Entonces, cómo tú puedes bajar esto es haciendo que esa mano de obra sea más eficiente; que lo que hacían en cinco días lo hagan en tres», comenta Carolina Cruz, presidente de Uvanova.
De acuerdo a la Comisión, las mayores dificultades están dadas por la altura del sistema de parrón tradicional utilizado en Chile, con el que los racimos cuelgan a una altura de aproximadamente dos metros. Así, cada vez que el trabajador quiere acceder a la fruta, debe hacerlo con los brazos en alto, y muchas veces, arriba de un piso.
«La calidad del trabajo no es la mejor porque están viendo el racimo desde abajo. Muchas veces se producen irregularidades entre la parte superior e inferior del racimo justamente porque está en una posición que no le permite observar el racimo completo», aclara Cruz.
Este sistema además, al tener que utilizar pequeñas escaleras, hace que el trabajo sea más lento y cansador, por lo que para mejorar la productividad en la uva de mesa, es necesario buscar alternativas en estos diseños.
Para el asesor y director de Uvanova, Dragomir Ljubetic, el hecho de mejorar la eficiencia para por tres aspectos: que las instrucciones sean claras y precisas, que se trabaje el tiempo propuesto, y que tanto el huerto como el producto sean homogéneos. «Que el huerto no tenga esos sectores con más o menos cargas, más o menos iluminado, que implique que tenga un rendimiento desuniforme en la medida que avanza», precisa.
OPEN GABLE 
Junto con estas medidas, existen otros sistemas de conducción que hacen el trabajo más productivo. Uno de ellos es el Open Gable, el que para Gabriel Selles, coordinador del Programa Nacional de Hortalizas y Frutas del INIA, mejora la distribución de los racimos. Además, destaca que permite trabajar a la altura del pecho.
La presidente de Uvanova agrega que al tratarse de hileras independientes también mejora la ventilación y la luminosidad. Respecto al primer punto, enfatiza que al ventilar continuamente existe menor predisposición a que haya humedad que pueda generar enfermedades, mientras que el hecho de contar con una mejor luminosidad hacer que la fertilidad de las yemas sea más alta. Ellos, a su vez, permite asegurar volúmenes año tras año.
Productores inclusive han señalado que por el uso de este sistema de conducción, han logrado reducir de forma importante los costos de mano de obra mediante la mejora de productividad de cada una de las personas, principal razón por la que decidieron apostar por este sistema.
CAPACITACIÓN Y ESPECIALIDAD
La especialidad es otro punto que también afecta la productividad, ya que al trabajar bajo un sistema contratista es mucha la rotación, y se dificulta la capacitación de los trabajadores.
«Sería estupendo si pudieras capacitar gente en un campo y quedara cautiva allí, pero como está el modelo contratista se van moviendo en una misma temporada de un campo a otro. Ha pasado que logras capacitar a alguien y lo capta la minería u otra actividad. Es muy difícil mantener un estándar bueno de gente capacitada en la parte agrícola», explica Carolina Cruz.
Así, aclaran que las medidas para retenerlos pasan básicamente por pagarles lo máximo posible y mejorar las condiciones del lugar de trabajo. Actualmente, el valor caja, si bien varía por zona y variedad, según cuenta Cruz, está entre $350 y $480 por caja cosechada y de $760 a $800 por caja embalada.
IMPACTO REAL DE LOS NUEVOS SISTEMAS
El impacto de los nuevos sistemas de conducción es lo que busca demostrar el estudio que realizará Uvanova en conjunto con Fedefruta e INIA, a través del concurso que ganaron por medio de FIA.
«Queremos validar si estos nuevos sistemas se adaptan a todas las regiones productoras de uva de mesa en Chile, si tiene beneficios solo en algunos casos, de manera de ir generando respuestas reales a los productores. Lo único que buscamos a través de la investigación es aterrizar y ahorrarle la brecha que tenía el productor para acceder a la tecnología», explica Carolina Cruz.
Esta investigación se iniciará en mayo y tiene un año de plazo para llevarse a cabo.
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