Directores de Uvanova y expertos del INIA tratan el tema en Revista Mundo Agro.
Por el momento es imposible. Así de categórico es el panorama frente a la posibilidad de mecanizar la cosecha de uva de mesa. Y son principalmente dos los los aspectos que llevan a los expertos del rubro a justificar esta opinión. Por un lado el sistema de conducción utilizado, y por otro, las condiciones del fruto que exigen los mercados.
En la cosecha de esta fruta se utiliza el sistema de conducción de parrón español, en el que los racimos cuelgan a una altura aproximada de dos metros. Hay quienes sospechan que, en un futuro, habrá una tendencia a cambiarse al Open Gable, en que los racimos cuelgan de hileras independientes a distintas alturas. Ello es precisamente lo que hace muy poco probable mecanizar esta cosecha a ojos del asesor y director de Uvanova, Dragomir Ljubetic.
«Tendría que ser una máquina que trabaje a una altura tal que vaya modificándose en el tiempo y que vaya permitiendo tomar un fruto que está formado por muchos frutos. Deberá poder tomar un fruto que tiene distinto tamaño, distinta forma, distinta textura, distinta superficie uno del otro con una máquina que tenga que cosechar, cortar, bajar la fruta y acomodarla de tal manera que no choque con otro. Es poco probable», explica.
Para este experto, otro factor que hace imposible mecanizar las cosechas es que la uva debe ser elegida a medida que se avanza de acuerdo a la madurez del fruto, y el reconocimiento de ello es una medida para el ojo humano, que la reconoce en base al color, la consistencia a la vista y sobre qué madera está puesta.
«Nada en aquello que se tome una decisión al respecto de la madurez y que está en una ubicación del árbol que no es la misma, permite una mecanizada son la destrucción de la fruta. Puedes cosechar en forma mecanizada la uva vinífera, donde hay destrucción del racimo. Pero ahí lo que interesa es el jugo para elaborar un subproducto, no para consumo fresco. No sé si pagarías lo mismo por un racimo que tiene una mitad reventada y la otra no porque lo cosechó una máquina y me quise ahorrar el costo», manifiesta Ljubetic.
Los atributos de calidad de uva de mesa exigidos por los mercados es el aspecto que a ojos de Carolina Cruz, presidente de Uvanova, hace que no sea posible mecanizar esta cosecha. Cuenta que esos atributos tienen relación con el producto fresco, y en muchos casos lo más parecido al que fue recolectado hasta 60 días antes, por lo que cualquier golpe o manipulación excesiva le significaría perder tales características.
Una visión similar es la que posee Gabriel Sellés, coordinador del Programa Nacional de Hortalizas y Frutas del INIA. «Hoy la uva de mesa responde a las exigencias del mercado. Uno de los problemas que probablemente puede existir en la mecanización es que nunca va a llegar a hacer una labor como la hacen las personas», advierte.
Y enfatiza en las enormes exigencias actuales de los mercados de destino. «Hoy día tienen que ser bien grandes, fruta sin semilla, fruta sin pesticida, fruta sin daño de insectos, sin presencia de hongo, con el racimo verde. O sea, es la perfección completa», manifiesta.
Cruz enfatiza que al tratarse de «una bolsa de agua», cualquier tipo de golpe la puede romper y, por esta situación, se pueden generar problemas de hongos.
Labores Automatizadas
La opinión de los distintos actores de la industria muestra que, actualmente, con la técnica existente, no es posible mecanizar la cosecha de uva de mesa en Chile. Sin embargo, para Manuel Pinto, director regional de INIA La Platina, con el tiempo podría ser necesario mecanizar o automatizar labores que ayuden a todo este proceso; misma opinión que mantiene Sellés.
«El tiempo, según el diagnóstico, llegó para hacer cambios, tanto en la parte de la precosecha como de postcosecha. Por lo tanto, el aspecto es, al mismo tiempo de poder reducir mano de obra, adoptar tecnologías que permitan mantener y mejorar la calidad. En ese sentido la mecanización de muchas labores ofrece muy buenas posibilidades», asegura Pinto.
A ojos de Gabriel Sellés, con un cambio en los sistemas de conducción se podrían utilizar algunas ayudas mecánicas. «En el mundo no hay sistemas mecanizados desarrollados para la cosecha de uva de mesa pero puedes pensar que hay otras labores que se pueden ir modificando. Uno puede pensar que se podría mecanizar los sistemas de poda. Hoy con la estructura que tienen los parrones no puedes realizarlo porque está lleno de alambres. Si se cambian los sistemas de conducción, probablemente el nivel de poda puede ser mucho más sencillo», afirma.
Para Carolina Cruz, los ensayos y la investigación que se están realizando en la modificación de los sistemas de conducción están pensados, precisamente, en incorporar nuevas tecnologías en facilidad para el uso de plásticos, mallas anti pájaros, facilidad para el operario y optimizar aplicaciones de fungicidas. De esta manera, si a futuro la tecnología para cosechar mecanizadamente evoluciona, será más fácil aplicarla con diseños de parrón a menor altura e hileras independientes. Sin embargo, advierte, se debe validar que las nuevas estructuras se adapten a todas la variedades y logren los mismos rendimientos por zona.
A futuro
La tecnología avanza a pasos agigantados. Por ello es que a ojos de Carolina Cruz hay que estar atentos de lo que pueda pasar a futuro en este tema, ya que la mano de obra tanto en los países desarrollados como en los que están en vías de desarrollo, es lo que más pesa.
Óscar Salgado, director de Uvanova, le comentó a Cruz que en California existe una patente inscrita de una máquina cosechadora de uvas de mesa, cuyo desarrollo aún está en manos de privados.
«Este es un tema sobre el que, no me cabe duda, se avanzará pronto, al menos a nivel de investigación. Hay intentos de empezar a ver cómo se puede, porque en todo el mundo lo que pesa es la mano de obra. Es bien poco viable de momento que tengamos una máquina cosechadora en reemplazo de los trabajadores, pero hay que estar atentos», advierte Cruz.









