Para algunos, finalizada esta demoledora temporada, por lo complejo que serán los retornos de exportación y la difícil situación financiera en la cual se verán inmersos muchos productores, parece fácil concluir que tanto exportadores, técnicos e incluso los mismos productores no sabemos estimar bien las producciones a embalar, menos cuando se suman anormalidades climatológicas durante la temporada.

Puede que haya bastante de cierto, y no hay duda que nuestros procedimientos de estimación de producción permiten aún muchísimas mejoras, partiendo probablemente por el tamaño y representatividad de las muestras. Sin embargo, donde hay una falla enorme es en el criterio y conocimiento de algunos sobre qué debe embalarse, teniendo en consideración la indispensable buena condición de llegada de la uva a destino, más cuando estas han sido sometidas a condiciones anormales (lluvias y neblinas continuas como esta temporada, sequías en años anteriores o años de baja acumulación de días grado a cosecha).
Esta temporada en Uvanova, nos aburrimos de insistir majaderamente y también oportunamente, en que después del potencial desastre sanitario generado por las lluvias de enero en la mayoría de las variedades de uva, y en gran parte de las regiones productoras del país, no se debía seguir embalando. Contábamos con numerosas pruebas de laboratorio, con la experiencia de años anteriores de problemas similares y con la opinión de autorizados especialistas. Todo inequívocamente anunciaba una altísima probabilidad de desarrollo de pudriciones.
Por razones que ameritan también un buen análisis, pero donde a priori se visualiza un severo desalineamiento de objetivos e intereses entre las instancias de la cadena comercial de la uva de mesa pocos nos escucharon; por ende, terminó llegando al mercado una fruta que jamás debió siquiera entrar al packing y menos despacharse. Así, no se tomaron en cuenta factores técnicos, enfrentando la pérdida de miles de cajas que se botaron en destino, las que jamás debieron embalarse, evidentemente no hay pronóstico de producción que se valide.
Conocemos bien los problemas comerciales que genera una mala información sobre el volumen que llegará de fruta a los mercados. El sistema de ventas completo se ve negativamente afectado, por ello la imperiosa necesidad de aunar criterios en la generación de esta información. No perdamos la valiosa experiencia de esta temporada para reforzar nuestros conocimientos de post cosecha y desarrollar metodologías de pronósticos de producción, que contemplen la evolución de la condición de la uva cuando es sometida a una lluvia, especialmente en los niveles de madurez que tenía esta pasada temporada.
La industria nos exige no seguir equivocándonos a estos niveles en materias sobre las que tenemos información suficiente, así como mejor evaluar los riesgos de estas decisiones sobre el mercado, el prestigio de la uva chilena y especialmente sobre el patrimonio de los productores.
Arturo Miquel Armas
Ingéniero Agrónomo PUC
Asesor Uvanova









