Recomendaciones prácticas en huerto para mejorar la postcosecha
Consejos de Luis Luchsinger, especialista en postcosecha y manejo de cadena de frío. Asesor externo de Uvanova.

 

Publicación de Revista RedAgrícola

Sin  considerar la inversión inicial, de todos los costos anuales para producir y exportar uva de mesa en Chile  entre un 75 y un 82% corresponde al proceso desde la cosecha en adelante, hasta llegar a los mercados finales, dependiendo de la variedad. En ningún caso se trata de una exageración. Está claro que el proceso de obtener una fruta de óptima calidad es la base para todo el resto, pero debemos estar conscientes del peso económico de las etapas posteriores. Sin embargo, frecuentemente se observa la ocurrencia de diversos problemas cuta importancia varía de acuerdo al país de origen y destino:

·         Mal embalaje, bayas reventas, machucadas, etc.

·         Racimos débiles

·         Vayas acuosas

·         Microfisuras

·         Partiduras

·         Desgrane

·         Deficiente limpieza

·         Mezcla de color y calibres

·         Pudrición

·         Deshidratación

Los dos últimos puntos mencionados revisten la mayor gravedad en uva de mesa, la cual presenta el desafío de preservar dos tejidos muy distintos, la baya y el raquis. Para lograrlo, como ya se indicó, comienza todo en el campo.

CUIDADOS QUE DEBEN TOMARSE EN EL MISMO HUERTO

Esta fruta no se puede lavar, solo soplar o limpiar para sacarle algo de polvo, pues la cera natural que es la pruina dificulta la tarea. De allí la importancia en el manejo de los caminos para evitar que el polvo se levante y llegue a los racimos.

No se puede dejar de subrayar el hecho de que se trata de un alimento, por lo cual la higiene personal, de los materiales y del recinto, resulta crucial. Todas las exigencias en ese sentido van en beneficio del consumidor.

Otro aspecto relevante es una manipulación adecuada. El racimo naturalmente cuelga de un eje central, del cual puede asirse. Si se toma de otra manera, aumenta la incidencia de desgrane o desgarro pedicelar. Es posible utilizar la mano para afirmar suavemente el racimo, pero no para cogerlo ni ejercer presión sobre él. Por lo mismo, los cosechadores no deben cargar más de un racimo a la vez. El principio fundamental se resume en una frase: una mano, un racimo, tomado del escobajo (eje central).

Un trabajador que cosecha y limpia 100 cajas con 10 a 12 racimos cada una, debe agacharse 1000 a 1200 veces por jornada. El uso de atriles o mesas que eviten la necesidad de inclinarse cada vez hasta el suelo facilitará su trabajo, reducirá la incidencia de desgrane y machucones.

Cuando hay presión de patógenos en el campo como botrytis, penicillium o pudrición ácida, una prelimpia antes de la cosecha resulta indispensable para eliminar el inóculo y también a remover bayas con partiduras, lo cual facilita mucho la limpieza posterior.

Poner muestras en cámaras húmedas, por cuarteles o lotes, permite verificar el resultado de las aplicaciones de fungicidas que se hicieron y segregar la fruta. Se trata de una práctica muy fácil de hacer, pero lamentablemente pocos la aplican. El concepto “FIFO” first in – first out (lo que entra primero sale primero), válido para la gran mayoría de las ocasiones, debe interrumpirse en este caso. Si una fruta presenta mayor incidencia en pudrición, tendrá que ser enviada primero, aunque se haya cosechado días o semanas después. Para países con las condiciones climáticas de Chile o Sudáfrica, es fundamental.

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