El oídio sin control puede ser devastador. Esta enfermedad que se presenta en las vides y que se caracteriza por su color blanquecino, es tal vez la infección más importante que contraen las parras, tanto para uva de mesa como vinífera, y el daño que causa puede significar incluso pérdidas de hasta un 100% de la producción. De hecho, ni siquiera la botrytis logra ese nivel de daños.

El oídio (Erysiphe necator), es un hongo patógeno que el FRAC lo clasifica de riesgo medio en cuanto al riesgo de resistencia. Sin embargo, este hongo presenta, además de su fase asexual (conidias), una fase sexual (chasmotecios) que amenaza potencialmente generar recombinaciones genéticas, lo que podría provocar que el patógeno adquiera resistencia a determinados fungicidas si no los utilizamos adecuadamente, según señalan expertos.

Carolina Cruz, presidenta de Uvanova, enfatizó a nuestros productores «recuerde que oidio es una enfermedad que requiere de constancia y no dejar ventanas entre aplicaciones. Utilice además un volumen de agua adecuado de acuerdo a la expresión de follaje teniendo especial cuidado de tratar riendas o sectores de difícil acceso. Finalmente recordar que hay variedades que presentan mayor susceptibilidad a desarrollar esta enfermedad, entre las cuales muchas son de las nuevas».

A esto se suma que el oídio es una amenaza latente: es un hongo que siempre está presente, e incluso en la época que no está afectando tejido susceptible, sobreviviendo en las yema, esperando la brotación para infectar los primeros tejidos susceptibles, por eso la importancia de identificarlo y controlarlo.

La clave, en ese sentido, estaría en proteger todo el periodo de tejido tierno y sensible de la vid hasta la pinta, que es el momento en que la baya empieza a acumular azúcar, de acuerdo a Alejandro Toro, gerente técnico de Corteva Agriscience, ya que el oídio evita el azúcar, momento en que la baya deja de ser sensible a los patógenos.

“Normalmente se recomienda proteger el racimo hasta los 12 o 14° Brix, ya que sobre ese contenido de azúcar el oídio deja de ser una amenaza para las bayas, pero el escobajo sigue siendo sensible hasta la cosecha. Por eso es necesario que en esas últimas intervenciones tengamos productos que sean altamente eficaces y que puedan penetrar para proteger realmente el escobajo, que es importante que se mantenga verde en uva mesa”, señala el experto.

UNA REAL AMENAZA EN LA ZONA CENTRAL

 La temperatura y la humedad son factores críticos para el desarrollo de este hongo, siendo la temperatura la más relevante, con una temperatura óptima para su desarrollo entre 25º C y 28º C, condiciones que se alcanzan en nuestra zona central, que es donde se concentran las producciones de uva de mesa y vinífera.

De acuerdo al experto, el índice de riesgo de oídio de Gubler-Thomas, que se basa en la temperatura en la canopia cuya medición empieza después del inicio de brotación, otorga condiciones de alto riesgo para prácticamente toda la temporada en las zonas donde están ubicados la mayoría de los huertos, desde Copiapó hasta el Maule.

“Hay estados fenológicos de los cultivos donde hay mayor susceptibilidad, para el caso de la vid es el periodo reproductivo, desde el inicio de la flor hasta la cuaja. Esta alta susceptibilidad en estos periodos críticos es donde tenemos que utilizar las mejores herramientas registradas para proteger bien las estructuras florares e inicio cuaja”, señala Toro. De hecho, la mayor cantidad de infecciones o focos de oídio que se ve en la zona central de Chile normalmente se atribuye a infecciones ocurridas durante la floración, por eso es que la recomendación es que los programas deben ser diseñados para “blindar” este periodo, procurando utilizar un buen fungicida protector al inicio del estado reproductivo y finalizando con productos que incluso puedan limpiar o erradicar focos de oídio que se hayan producido en este periodo reproductivo.

“Hay momentos, dependiendo de las zonas productoras, donde puede haber temperaturas más bajas, en que el índice de ataque está en función de la temperatura. Con temperaturas más bajas el oídio siempre está, pero ataca más lento, es decir, hay una menor presión de esta enfermedad”, complementa Toro, aunque señala que es un patógeno “relativamente simple para controlar”, aunque hay que ser “muy meticuloso en el manejo, protegiendo los parrones desde septiembre u octubre (dependiendo de la zona) con buena cobertura de fungicidas”, advierte.

Domark® , Avenue® y Karathane® Gold  protegen eficazmente a la vid frente a esta temida enfermedad.

A través de acción sistémica y de contacto en los programas fitosanitarios, estas herramientas son claves para proteger eficazmente la vid contra este patógeno en las distintas etapas fenológicas del cultivo, pese a la amenaza latente que presenta en las vides. Desde Corteva Agriscience señalan que una aplicación ordenada de estos fungicidas permite un adecuado control de esta enfermedad.

CÓMO UTILIZAR DIFERENTES MODOS DE ACCION CONTRA EL OÍDIO

Para combatir y controlar el oídio, Corteva ofrece tres herramientas de acción para el manejo de este hongo, todos fungicidas que tienen diferentes mecanismos de acción y destacan para diferentes etapas del crecimiento de la vid. Desde la empresa recomiendan iniciar su control con un programa que comienza con la aplicación de Domark® 40 EW  (ingrediente activo: Tetraconazol 4% p/v) fungicida con acción sistémica y de contacto para el control preventivo y curativo del oidio de la vid.

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