Análisis de Álvaro Azancot: Una temporada para leer la letra chica
Extracto de columna del asesor de Uvanova en Revista Redagrícola

 

Los problemas de llegada a los distintos mercados especialmente en variedades blancas, el peso de los racimos y caídas en producción, la lentitud en las cosechas por problemas de terminación, color y/o falta de gente, mercados bipolares, etc., hicieron de esta temporada una de las duras t y no fáciles de olvidar.
Algunas sacan cuentas felices que rayan en lo histórico, pero para muchos productores del Valle de Aconcagua hacia el Sur, el panorama es distinto.
Si retrocedemos un año desde hoy, nos preparábamos para un año complejo por la entrada de El Niño. El fenómeno nos traería finalmente más factores con los que lidiar que solo las lluvias en períodos críticos para el desarrollo de botritis.
El invierno 2015 nos regaló eventos de lluvia que no veíamos desde hace un tiempo, con grandes cargas de agua que dejaban sueños bien drenados en la pre-brotación. Esta situación sumada a buenas temperaturas en la primavera, llevó a la planta a expresar fuertemente su potencial de crecimiento mayor que en años precedentes y que nos sorprendía con la vegetación de pre-flor en parrones. Esto no solo se verificó en la pre-flor, sino que también en el período de crecimiento de la baya.
Hubo en muchas localidades lluvia en la flor o humedades relativas muy altas, históricamente altas asociadas a temperaturas “ideales” para el desarrollo de hongos. Los previsores habían diseñado una estrategia ad-hoc para estas situaciones. El proteger la flor con el uso de fungicidas frontales específicos para botritis, asumir el largo real de la flor, entender que el período de protección de un fungicida es distintos de acuerdo a la dinámica fenológica y el utilizar métodos de aplicación que aseguraran un buen cubrimiento, fueron claves para que la situación al menos durante la flor fuera bien manejada en un gran número de casos.
Podríamos decir que desde la estrategia de control químico, estábamos cubiertos desde la estrategia. Pero sigamos revisando…
Post cuaja, decíamos que los parrones seguían creciendo a un ritmo alto… lo mismo que las bayas. Comenzamos a ver calibres superiores a los históricos con el mismo programa de reguladores de crecimiento del año anterior. Entre el 15 de diciembre y el 15 de enero, verificábamos humedades relativas muy altas en comparación con un año normal, así como también altas temperaturas en todo este período, especialmente marcadas estas últimas entre el 27 de diciembre y el 8 de enero.
Es probable que en ese corto período de definición de calidad de bayas, las altas temperaturas haya jugado un rol que se suma a los otros factores detrimentales respecto de la calidad de cutícula y de pulpa.
Los parrones seguían vegetando fuertes y ese ritmo de crecimiento no iba a ser gratis. Cuando un brote crece a ritmo muy acelerado en post cuaja y desarrollo de la baya, produce una desnutrición mineral en desmedro de las bayas en crecimiento. Entonces el desarrollo de las estructuras de sostén de cutícula y pulpa pueden verse afectadas fuertemente. Cuando hay elementos de deficiencia, las áreas de la baya de más difícil acceso son las que colapsan. No es casualidad que los problemas de microfisuras, pardeamientos y ablande se verifiquen en forma creciente hacia el área distal de las bayas.
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